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Camino Natural de Fuerteventura: GR-131

Recorrer las nueve etapas en que se divide el Camino Natural GR-131 implica atravesar el islote de Lobos y la isla de Fuerteventura de norte a sur por un característico paisaje semidesértico, ausente de cobertura arbolada en casi la totalidad del recorrido, abarcando desde los evocadores paisajes de arenas doradas y hermosas playas de aguas turquesas hasta los malpaíses volcánicos, donde la lava solidificada ha dado lugar a terrenos desérticos y a formaciones de alto valor por su singularidad visual.

Recorrer las nueve etapas en que se divide el Camino Natural GR-131 implica atravesar el islote de Lobos y la isla de Fuerteventura de norte a sur por un característico paisaje semidesértico, ausente de cobertura arbolada en casi la totalidad del recorrido, abarcando desde los evocadores paisajes de arenas doradas y hermosas playas de aguas turquesas hasta los malpaíses volcánicos, donde la lava solidificada ha dado lugar a terrenos desérticos y a formaciones de alto valor por su singularidad visual.

El Camino Natural discurre por senderos de perfil suave, salvo excepciones, como la subida al Pico de la Zarza o a la degollada del Cofete, ya que la orografía de Fuerteventura está marcada por un acentuado efecto de la erosión, con elevaciones suavizadas por los vientos y las lluvias a lo largo de siglos.

La isla es rica en espacios naturales protegidos, que comprenden casi el treinta por ciento de su superficie, la mayoría de los cuales podremos disfrutar a lo largo del trayecto. El sendero transita por el Parque Natural del Islote de Lobos; el Monumento Natural del Malpaís de la Arena y sus lavas asociadas, que constituyen las últimas manifestaciones volcánicas registradas en Fuerteventura; la Montaña "sagrada" de Tindaya, un lugar emblemático para los majos, el pueblo aborigen; el Parque Rural de Betancuria, el espacio natural más extenso de la isla, con su paisaje de barrancos en forma de "U"; el Monumento Natural Montaña Cardón, y ya en el extremo sur, el Paruqe Natural de Jandía, con muestras de todos los hábitats que es posible encontrar en la isla: el sabulícola (playas y arenas), el saladar, las llanuras pedregosas, los barrancos y las vaguadas y cumbres.

A pesar de la escasa cubierta vegetal, por el camino encontraremos numerosos endemismos, entre los que destaca el cardón de Jandía (Euphorbia handiensis), además de palmeras y tarajales en los cauces de barrancos y valles. La isla también es el hábitat de gran cantidad de aves, muchas de ellas migratorias, entre las que encontraremos a la hubara canaria (Chlamydotis undulata fuertaventurae), la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), el guirre (Neoprhron percnopterus majorensis) o el aguililla (Buteo buteo insulrum).

A través del Camino Natural también conoceremos la historia de Fuerteventura, su cultura aborigen anterior a la conquista normanda y su pasado señorial, además de los distintos sistemas de cultivo tradicionales, con los que el pueblo majorero ha luchado frente a la hostilidad del terreno y la falta de agua para desarrollar su actividad agraria.

Es imprescindible apuntar que la conjunción de ausencia de cobertura arbórea y del clima desértico y árido de la isla, con la escasez de lluvias y temperaturas casi constantes todo el año por encima de los 20ºC, obliga al caminante a proveerse de protección solar y de abundante agua antes de afrontar cualquier etapa, y si nos encontramos en los meses estivales, evitar caminar en las horas centrales del día.

Etapa 1: Isla de Lobos

 



El Camino Natural comienza recorriendo la isla de Lobos, situada al nordeste de Fuerteventura, un pequeño islote que en siglos pasados fue morada de una nutrida colonia de focas monje, a las que debe su nombre (lobos marinos). La ruta atraviesa la mítica isla de sur a norte, desde El Muelle hasta el faro de Martiño. Desde Corralejo, en el norte de Fuerteventura, partiremos en barco hasta la isla de Lobos, por donde discurre la primera etapa del Camino Natural. El sendero atraviesa de sur a norte el islote, habitado antiguamente por una importante colonia de focas monje (Monachus monachus), y situado a tan sólo dos kilómetros al nordeste de Fuerteventura.

La ruta comienza en el propio embarcadero de Lobos, denominado El Muelle, a donde llega el barco procedente de Corralejo. En El Muelle existe un centro de visitantes con información de la isla, que forma parte del Parque Natural de Corralejo. Un poco más hacia el este del centro de interpretación, se encuentran una zona de acampada y las casas de El Puertito.

Para comenzar la etapa, tomaremos el sendero hacia el norte, hasta llegar a la playa de la Concha, conocida popularmente por este nombre debido a su forma, aunque en realidad se denomina playa de la Calera, por el horno de cal que se localiza en sus proximidades, y que se empleó en la construcción del faro de Martiño.

Continuando el camino en dirección norte, pasaremos por un cruce desde el que parte un sendero que se dirige hacia las salinas del Marrajo. Por este tramo, atravesaremos zonas de tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) y aulagas (Calicotome spinosa), manteniendo a la izquierda la montaña de La Caldera, un cono volcánico de origen relativamente reciente que, con 127 metros sobre el nivel del mar, representa la cota más alta del islote.

Después del cruce con el sendero que se dirige a La Caldera, podremos observar a la izquierda el Llano de Los Labrantes, donde en 1860 se instalaron los trabajadores portugueses que construyeron el faro, y donde aún quedan restos de pequefias chozas de piedra seca.

Posteriormente, el sendero pasa entre el Morro de Las Pilas y Morro Escarchado, siempre acompañado de la vegetación característica del islote. Al pasar Morro Colorado, podremos vislumbrar ya el faro sobre la montaña de Martiño y el final del sendero, no sin antes pasar por el saladar del faro. Antes de subir la montaña de Martiño hasta el faro, existe un cruce donde podremos decidir volver a El Muelle por el mismo camino o bien tomar un sendero que recorre la isla de norte a sur por la zona oriental.

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Etapa 2: Corralejo - La Oliva

 



La etapa comienza en Corralejo, uno de los grandes centros turísticos de Fuerteventura. Su población es relativamente reciente, ya que no se pudo considerar puerto pesquero hasta el siglo XIX. Anteriormente, Corralejo sólo era un asentamiento temporal para los habitantes de la isla, que se dedicaban a la pesca y el marisqueo. El camino comienza atravesando el casco urbano de Corralejo. Desde la plaza de Patricio Calero, la más antigua de Corralejo, tomaremos la calle de Lepanto hasta la avenida de Juan Carlos I y, en dirección sur, llegaremos a la rotonda Estrella del Norte, donde el trayecto gira en dirección a Morro Francisco.

A partir de aquí, el sendero transita por pistas de tierra. Una vez pasado Morro Francisco, en esta parte del camino podremos observar las técnicas de cultivo tradicionales desarrolladas en Fuerteventura. Los arenados son un sistema de cultivo agrícola de secano consistente en cercados de muros de piedra seca para proteger los cultivos del ganado, fundamentalmente caprino, que pasta libremente por el monte. Aunque pudiera parecer lo contrario, la actividad pesquera en la isla fue escasa hasta inicios del siglo XIX, y su economía se basaba principalmente en la agricultura y la ganadería. Continuaremos por el camino adentrándonos en la naturaleza volcánica de Fuerteventura, con las diferentes calderas que las distintas erupciones nos han dejado.

Durante esta primera parte de la etapa, antes de llegar al pueblo de Lajares, observaremos diversos conos volcanicos del conjunto de Bayuyo, originados en el Pleistoceno, y un amplio campo de lavas que dieron lugar a los “malpaíses” en esta zona de la isla. Después de pasar Caldera Encantada, entre Caldera Rebanada y el Calderón Hondo, se llega a un cruce donde comienza el sendero local SL FV 2, que lleva hasta Calderón Hondo y continua hacia Lajares, donde conecta de nuevo con el GR-131 a la entrada del pueblo. Unos 2,5 kilómetros antes de llegar a Lajares nos encontraremos con un área de descanso de piedra a modo de refugio con dos mesas y bancos de madera dentro. Atravesaremos el pueblo de Lajares, una pequeña localidad majorera del municipio de La Oliva de apenas 500 habitantes que se asienta en una planicie salpicada de molinos (alguno de ellos todavía en buen estado), y está rodeada de campos de cultivo separados por muros de piedra seca, en algunos casos las mismas piedras secas utilizadas para la construcción de sus casas. También destaca la presencia de los camellos, utilizados aun hoy como animales de carga o para arar la tierra.

Continuaremos hacia el sur por pista pasando la finca ecológica El Mojón de Matías, atravesando zonas de cultivos, donde nos encontraremos otra área de descanso de las mismas características que la descrita anteriormente. En este tramo distinguiremos a la izquierda las tradicionales “gavias”, un sistema de cultivo basado en la inundación de una parcela rodeada por muros de piedra o tierra. Durante nuestro recorrido, seguiremos observando a ambos lados del sendero este tipo de estructuras de aprovechamiento de agua, desarrolladas en Fuerteventura debido a las escasas lluvias que recibe la isla. El camino prosigue por pista avanzando por las laderas de Tejate y, poco después, bordea la Montaña de la Arena con su respectivo malpaís, el Monumento Natural del Malpaís de la Arena, manteniendo la montaña a la derecha.

Después de bordear la Montaña de la Arena, pasaremos al pie de la Montaña de los Saltos, que dejaremos a mano izquierda, desde donde empezaremos a vislumbrar los molinos que nos anuncian la cercanía del pueblo de La Oliva. También pasaremos al pie de la Montaña del Molino, donde se encuentran los molinos antes mencionados. A continuación, nos adentraremos en el Monumento Natural del Malpaís de la Arena por su extremo sur, en dirección a La Oliva. El camino sigue por un sendero marcado con piedras en los bordes y luego por pista, hasta llegar de lleno a la carretera general, a la entrada del pueblo. Al entrar en la zona urbana de La Oliva, sobresale a la derecha la Casa del Inglés, un buen ejemplo de arquitectura civil pudiente en el que destacan las almenas que coronan la casa, elementos arquitectónicos de origen militar que en Fuerteventura se utilizaron como decoración y eran signo de distinción y poder, imitando las construcciones de los señores de la isla. El tramo termina en la plaza de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, en cuyo presbiterio se encuentran los cuadros realizados por Juan de Miranda, una de las obras más relevantes que se conservan en Fuerteventura. En la misma plaza también se encuentra el ayuntamiento.

La Oliva es el centro administrativo del norte de la isla y en su municipio también se encuentra la famosa Casa de los Coroneles, recientemente restaurada. Detrás de la iglesia se puede visitar el Museo del Grano La Cilla, dedicado a la agricultura insular. Otros lugares de interés a disfrutar en La Oliva son el Centro de Arte Canario Casa Mané, la ermita de Puerto Escondido, la Casa del Capellán y el Centro de Artesanía Monasterio.

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Etapa 3: La Oliva - Tefía

 



La etapa comienza en La Oliva, que asumió el poder administrativo y político durante el siglo XVIII después de la decadencia de Betancuria, capital histórica de la isla. El primer tramo de la etapa se dirige hacia el oeste, pasando por el Lomo de la Virgen, hasta la Montaña de Tindaya, cuya imagen nos acompañará durante todo el recorrido hasta llegar al pueblo que le da nombre. Partiendo de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria de La Oliva, nos dirigiremos hacia la calle de La Orilla y, siguiendo las indicaciones del camino, giraremos a la izquierda por la calle de Las Tuneras. Más tarde, iremos hacia la derecha por la calle del Capellán de la Rosa Blanca, hasta llegar a un espacio abierto en el que el camino gira por pista de tierra en dirección oeste, donde vislumbraremos, ya a lo lejos, la Montaña de Tindaya.

Continuando por la pista de tierra que atraviesa la llanura, dejaremos a nuestra derecha la Montaña de La Oliva, después de la cual nos encontraremos una mesa informativa de la cadena montañosa que se divisa en el horizonte (Tindaya, La Muda, Montaña Quemada). Antes de llegar al pueblo de Tindaya, bordearemos por su lado oeste la Montaña de Tindaya, a cuyos pies nace el sendero que sube hasta ella. Una vez en Tindaya, unos 50 metros antes de llegar a la ermita de Nuestra Señora de la Caridad, situada junto a la carretera central, el camino gira a la derecha en un cruce en el que también podremos optar por seguir recto, tomando el sendero PR FV 9 que se dirige a Vallebrón, y que vuelve a conectar posteriormente con el camino principal.

En las inmediaciones de Tindaya encontraremos algún grupo de palmeras (Phoenix canariensis) y tarajales (Tamarix canariensis), así como plantaciones de pitas (Agave americana) y tuneras (Opuntia spp.). La tunera es una especie introducida que se utilizaba para el cultivo de la cochinilla (Dactylopius coccus), un insecto parásito empleado para la elaboración de tintes. Más adelante, en Montana Quemada, podremos observar comunidades de tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) y salvaje (Euphorbia regis-jubae). Las especies animales más representativas en este entorno son las aves, como la hubara o avutarda canaria (Chlamydotis undulata fuertaventurae), el alcaraván (Burhinus oedicnemus), el corredor (Cursorius cursoi) o la terrera marismeña (Calandrella rufescens).

En esta etapa, el camino linda con varias ZEPAs (Zona de Especial Protección para Aves) destinadas a su conservación. Siguiendo las indicaciones de las señales, saldremos de Tindaya y continuaremos el camino hasta la Montaña Quemada a través del Malpaís del Sobaco, formado con materiales originados a partir de una erupción de esta montaña. En la Montaña Quemada nos encontraremos un cruce que nos invitará a desviarnos hasta la estatua erigida en 1980 en honor de Don Miguel de Unamuno, que estuvo desterrado en la isla en 1924. La blancura del monumento, pensado para ser visto desde la lejanía, resalta sobre la base de la montaña en la que se encuentra. Pasado este punto, el camino gira hacia el sur, dejando atrás la Montaña Quemada, y avanza por la Punta del Sobaco a través de la llanura de Tablero Blanco, hasta llegar al cruce con la carretera que se dirige a Tefía.

Seguiremos avanzando por el barranco del Risco y, una vez pasado el Rincón del Cercado, donde observaremos tierras cultivadas, encontraremos el punto donde el camino principal conecta de nuevo con el sendero de pequeño recorrido PR FV 9 Tindaya-Tefía, que viene del Paisaje Protegido de Vallebrón. La ruta prosigue en su último tramo por el Tablero de Las Avutardas, otra llanura de singular belleza, que dejaremos al oeste girando hacia la izquierda, a la altura de un vivero, para continuar desde allí hasta la ermita de San Agustín de Tefía, donde finaliza la etapa. Frente a la ermita encontraremos el centro cultural de Tefía y varios paneles informativos de las etapas 3 (La Oliva-Tefía) y 4 (Tefía-Betancuria) del Camino Natural. En el pueblo de Tefía podremos contemplar un monumento emblemático, la Molina de Tefía, cuyas características arquitectónicas la diferencian de los molinos, más antiguos.


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Etapa 4: Tefía - Betancuria

 



Comenzaremos la etapa en la ermita de San Agustín de Tefía, donde también parte el sendero PR FV 15.1, que transita a lo largo del valle de Tetir hasta el pueblo del mismo nombre. En un principio, la etapa discurre por carretera en dirección sur, hasta que llega a un cruce donde conecta con el sendero PR FV 15 que, al igual que el anterior, se dirige hacia el pueblo de Tetir, pero por Casillas del Ángel. Al llegar al cruce, el camino principal toma sentido noroeste y baja por una pista que atraviesa el Ecomuseo de la Alcogida, en el que podremos apreciar la arquitectura tradicional de las antiguas casas que lo componen, además de distintos tipos de artesama insular. Situado en la parte sur de Tefía, este museo debe su nombre a su emplazamiento, cerca de una alcogida, es decir, un terreno dedicado a recoger las aguas pluviales.

El ecomuseo es un poblado formado por un conjunto de viviendas representativas de la arquitectura doméstica tradicional de Fuerteventura donde se recrea la vida de una aldea tradicional agrícola. En él podremos conocer desde las labores artesanales, agrícolas y ganaderas, hasta los usos y costumbres de la vida diaria de sus habitantes. Después de pasar por el Ecomuseo de la Alcogida, cruzaremos la carretera FV-207 y continuaremos el camino hasta el bonito Molino de Tefía, declarado Bien de Interés Cultural, y que tiene la peculiaridad de tener seis aspas, en lugar de cuatro. El molino de viento tradicional es un edificio construido en piedra, barro y cal, de planta circular y forma troncocónica. La parte superior está formada por un cono de madera que sostiene las aspas, y el interior se distribuye en dos o tres pisos. En la planta baja se guardaban las herramientas del molinero, en la primera o “planta de en medio” se almacenaba el grano, y en la planta alta se situaba la maquinaria propia del molino. Sin embargo, la molina es una edificación más moderna, ideada por el palmero Isidro Ortega en el siglo XIX. Cuenta con la ventaja de reunir en una sola planta todas las funciones propias del molino: la molienda y la elaboración del grano, evitando así al molinero el tener que desplazarse de una planta a otra, cargando pesados sacos. Las molinas suelen ser de planta cuadrada o rectangular, sobre la que se alza una torre de madera que da soporte a todo el mecanismo.

Desde el Molino de Tefía, nos dirigiremos en dirección sur hacia la Montaña Bermeja, inconfundible por sus tonos rojizos y su perfil picudo, además de los dos profundos barrancos que la surcan. Poco después, encontraremos un área de descanso de piedra techado donde podremos protegernos de los persistentes rayos del sol. Tras el área de descanso, el camino principal continúa por pista de tierra, atravesando el Llano de Leme, hasta llegar a la población de Los Llanos de la Concepción, donde podremos visitar su ermita. Abandonaremos este pueblo en dirección sur ganando algo de altura, ya que empezaremos a ascender a la loma de Tetir. Durante la subida pasaremos junto al molino de seis aspas de Los Llanos de la Concepción que, al igual que el de Tefía, está declarado Bien de Interés Cultural.

Desde la loma de Tetir tendremos amplias vistas del valle de Santa Inés, donde las tonalidades verdes de un pequeño barranco destacan sobre el fondo del paisaje debido a la presencia de vegetación más frondosa y de mayor porte y de algunas palmeras (Phoenix canariensis). El pueblo de Santa Inés, uno de los primeros que se formaron cerca de Betancuria por sus terrenos para el cultivo, mantiene alguna de estas palmeras, de cuya visión podemos disfrutar desde alguno de sus restaurantes y casas de comidas. Continuaremos por el valle de Santa Inés aguas arriba por la carretera, entrando al Parque Rural de Betancuria, hasta que ésta desaparece. En las cercanías del valle de Santa Inés destacan algunos tarajales (Tamarix spp.), aunque la vegetación más extendida está formada por un matorral abierto constituido fundamentalmente por el salado (Salsola vermiculata) y la aulaga (Launaea arborescens).

Abandonaremos el valle de Santa Inés para subir por una loma desde la que podremos disfrutar del paisaje singular que ofrece el Parque Rural. La ruta discurre por la loma hasta cruzar la carretera que baja a Betancuria. En este tramo se encuentra el mirador de Guise y Ayose, situado en la degollada de Corrales de Guise. Desde este lugar ya podremos divisar el pueblo de Betancuria y disfrutaremos de una hermosa vista de la zona centro-norte de la isla, de los pueblos dispersos por los valles, de las llanuras, de los relieves montañosos y de los cuchillos orientales. En el mirador también se encuentran dos esculturas que representan a Guise y Ayose, reyes de los dos bandos en los que se dividía Fuerteventura durante la época anterior a la conquista.

Antes de llegar a la villa de Betancuria, observaremos principalmente comunidades de tabaiba salvaje (Euphorbia regis-jubae), plantaciones de tuneras (Opuntia spp.) y matorrales de jorjados (Asteriscus sericeus). En la bajada al pueblo, pasaremos por la noria del Pozo de los Peña. Ya en Betancuria, concluiremos la etapa en la parte trasera de la Catedral de Santa María, donde se encuentran los paneles informativos del Camino Natural. La villa, fundada hacia el 1404 durante la conquista de la isla por los normandos, tomó su nombre del conquistador Jean de Bethencourt. Fue una de las primeras ciudades fundadas en el archipiélago canario por los europeos, que eligieron para ello un valle interior, alejado de la costa y rodeado de montañas, no sólo por razones militares y defensivas, sino también por la fertilidad de sus terrenos, debido a la presencia de agua. Sin embargo, su posición estratégica no logró impedir que la invasión berberisca de Fuerteventura, en 1593, la alcanzara y que numerosos edificios de Betancuria fueran asaltados, incluida la Catedral de Santa María.


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Etapa 5: Betancuria - Pájara





La ruta comienza en Betancuria, donde el Camino Natural nos invitará a recorrer el casco antiguo de este bello pueblo, declarado Monumento Histórico Artístico. Construida tierra adentro, sobre un valle, a salvo de los ataques de los piratas, su ubicación no impidió sin embargo que en 1593 las hordas de Xaban de Arráez redujeran la villa a cenizas, después de sufrir distintas acometidas a lo largo del siglo XVI. Betancuria es el municipio más pequeño de Fuerteventura y desde el siglo XV representó la capital de la isla hasta mediados del XIX, cuando ésta se trasladó a Puerto de Rosario. La capitalidad que albergó durante tanto tiempo nos permitirá encontrar lugares de gran interés, como la Catedral de Santa María, en la que podremos observar distintos estilos, desde el gótico al barroco, pasando por el renacentista y el mudéjar, tras cien años de construcción.

Antes de salir del núcleo urbano, también podremos disfrutar de varios museos, como el Museo de Arte Sacro, el Museo Arqueológico y el Centro Insular de Artesanía, dedicado a los oficios tradicionales. Asimismo, el camino nos llevará hasta la noria del Pozo de los Peña, utilizada antiguamente para la extracción y elevación de agua de pozo. A partir de este punto, y tras un breve tramo de asfalto, comenzaremos a ascender por un camino de tierra que nos conducirá hasta el Morrete de Tegetuno, trayecto por el que disfrutaremos de excelentes vistas del pueblo de Betancuria, así como de una flora variada que, aunque parcialmente introducida, ameniza el paisaje dándole un toque de color.

Entre las diversas especies vegetales que podremos encontrar destacan la pita o pitera (Agave americana), originaria de América, el almendro (Prunus dulcis) y dos especies típicamente mediterráneas, como el pino carrasco (Pinus halepensis) y el algarrobo (Ceratonia siliqua). Alcanzado el Morrete de Tegetuno, donde encontraremos un área de descanso de piedra con bancos y mesas, tomaremos rumbo al sur, a través de un sendero que nos ofrece una excelente panorámica de los pueblos de Antigua y Betancuria. En la Degollada de Tegetuno tendremos la opción de seguir de frente, en dirección este, por la loma que lleva directamente al pueblo de Antigua por un sendero local (SL FV 29) de suave pendiente.

Tras andar algo más de un kilómetro, deberemos tomar dirección sur sin confundirnos, pues a partir de este punto entraremos en un pinar de repoblación que representa el único monte catalogado de utilidad pública de la isla: el Castillo de Lara, donde los ejemplares situados en las vaguadas más abrigadas llegan a alcanzar los 10 metros de altura. Dentro de este pinar, encontraremos un área recreativa equipada con fogones, columpios y mesas. Posteriormente, el trayecto continua por una senda delimitada por piedras, que nos conducirá hasta la zona conocida como Los Charcos, en lo alto del Cerro de Betancuria, desde donde comienza a ser visible el valle que alberga el encantador pueblecito de Vega de Río Palmas, denominado así por los conquistadores de la isla debido a la cantidad de palmeras y manantiales de agua que existía en esta vega, punto de inicio de varios senderos locales (SL FV 27, 28 y 31), muy recomendables.

En el descenso desde el Cerro de Betancuria hacia el valle nos encontraremos la Casa de los Padrones, una antigua edificación majorera que ha sido rehabilitada y adaptada como albergue a partir de la cual empezaremos a descender, debiendo permanecer atentos a las señales verticales, pues el camino abandona la pista de tierra que transitábamos para dirigirnos al cauce del barranco de Palomares, por donde continuaremos hasta pasar el pueblo de Vega de Río Palmas. Si bien el sendero no recorre este pueblo, es aconsejable que nos desviemos ligeramente y lleguemos hasta él para contemplar la ermita donde se encuentra la Virgen de la Peña, patrona de la isla, un edificio del siglo XVIII con una sobria fachada de corte clasicista. La capilla alberga en su interior la imagen de Nuestra Señora de la Peña, esculpida en alabastro, que fue traída por los conquistadores que llegaron a la isla. Esta imagen es uno de los símbolos emblemáticos de Fuerteventura y, cada tercer viernes de septiembre, congrega a numerosos majoreros.

Durante el tramo que recorreremos por asfalto, encontraremos un desvío que se corresponde con el sendero local SL FV 27, que se dirige hacia la presa de Las Peñitas. Continuaremos sin abandonar la carretera hasta la pista de tierra que asciende hacia la Degollada de Los Granadillos, pasando junto a un molino americano asociado a la extracción de agua de pozo, y atravesando terrazas de cultivo abandonadas. En la Degollada de Los Granadillos podremos disfrutar de las vistas en un área de descanso, antes de descender por el valle a través de numerosos cultivos agrícolas, entre los que continúan apareciendo las tradicionales gavias, hasta llegar a Toto, una pequeña aldea situada en el fondo del valle donde destaca la ermita de San Antonio de Padua, declarada Bien de Interés Cultural en 2008. Una vez atravesado el pueblo de Toto, partiremos hacia Pájara por el barranco de Pájara y de Toto, hasta llegar a la plaza de la iglesia de Nuestra Senora de Regla de Pájara (siglos XVII y XVIII), igualmente declarada Bien de Interés Cultural. En esta plaza, donde también se encuentra el ayuntamiento de Pájara, finalizaremos la etapa. La ciudad de Pájara, fundada en el siglo XV, cobró importancia gracias al tráfico de esclavos, un próspero pasado que ha quedado reflejado en las casas de piedra de su casco urbano.


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Etapa 6: Pájara - La Pared

 

La ruta comienza en la plaza de la iglesia de Nuestra Señora de Regla de Pájara y sale del pueblo, en dirección sur, pasando junto al cementerio, hasta alcanzar, ya caminando por pista de tierra, un área de descanso con paneles interpretativos del Camino Natural y espléndidas vistas del valle y sus cultivos. Continuaremos por el valle hasta un cruce señalizado donde giraremos a la izquierda, subiendo una loma de suave pendiente. El camino continua por pista, pasando por la Degollada Honda y diversas lomas, hasta que se desvía de la pista por un sendero montañoso, que discurre entre continuas subidas y bajadas, poniendo a prueba nuestras capacidades físicas.

No obstante, se trata de un sendero francamente agradable, continuamente acompañado de un paisaje protagonizado por un sistema montañoso de suaves pendientes, prácticamente desprovistas de vegetación. Si bien el sendero se encuentra perfectamente señalizado en toda su longitud, tendremos que poner especial atención en algunos tramos, especialmente a la hora de subir y bordear el Filo de Tejeda, donde deberemos permanecer atentos a las marcas del GR (señales rojas y blancas) pintadas en las rocas y a los mojones de piedra. Alcanzada la cota más alta del Filo de Tejeda, y tras un pequeño paseo en llano por la cresta de esta cadena montañosa, el sendero comienza a descender, llegando en algún momento a desaparecer.

En este punto, una verja metálica que delimita el terreno nos servirá de referencia para continuar la ruta. Caminando en paralelo a ella, pronto volveremos a situarnos en la senda. Tras un breve ascenso al Morro del Morralito, encontraremos un área de descanso donde reponer fuerzas con vistas a afrontar la bajada hacia el pueblo de El Cardón, donde el verde de sus palmeras y cultivos contrasta con el paisaje terroso que venimos observando. Casi al final del descenso, y muy próximos al pueblo de El Cardón, encontraremos una nueva área de descanso, con una casita de piedra con mesas y bancos de madera, donde podremos refugiarnos del calor. A partir de aquí, atravesaremos el pueblo de El Cardón, sin desviarnos en ningún momento en los diversos cruces que aparecerán, hasta alcanzar un sendero de tierra en el que volveremos a encontrar otro área de descanso.

A la salida de la población, seguiremos por el camino de la derecha. Dejaremos atrás una valla de gran longitud y continuaremos bajando a las faldas del monte, pasando junto a una quesería para llegar al pueblo de La Pared, final de esta etapa.


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Etapa 7: La Pared - Casas del Risco del Paso




Esta etapa comienza en La Pared, una pequeña y tranquila zona residencial con instalaciones para la práctica del golf o la equitación. Muy cerca de allí se encuentra la playa de La Pared, que al contrario que el resto de playas del municipio de Pájara, está constituida por arena negra procedente de la erosión provocada por las olas sobre el terreno volcánico de la zona. Emprenderemos la ruta por la avenida que atraviesa las urbanizaciones de La Pared hacia la costa, en dirección a Piedras Negras, realizando una suave subida que nos adentrará en una zona denominada El Jable, que constituye la formación dunar fósil más extensa de Fuerteventura. Para ello, avanzaremos por el último tramo de asfalto y tomaremos la última pista hacia la izquierda para llegar al cruce de Piedras Negras.

Desde aquí, avistaremos los molinos del parque eólico. Esta parte de la etapa que se inicia en el Jable se llevará a cabo casi por el recorrido del antiguo Camino de los Presos, denominado así porque fue construido por presos políticos. El camino se realizó entre los años 1946-1948 y conducía hasta Cofete. Durante este recorrido apreciaremos tramos empedrados de piedra caliza que pertenecen al antiguo camino, aunque la mayor parte de este ha desaparecido o se encuentra sepultado bajo la arena. Continuaremos dejando a la izquierda la montaña de El Granillo y, durante casi 10 kilómetros, caminaremos por el agreste paraje arenoso de El Jable; un amplio llano, suavemente ondulado, en el que predominan los colores claros debido a la arena calcárea, de procedencia marina.

En El Jable vive una de las mejores poblaciones de la endémica avutarda o hubara canaria (Chlamydotis undulata fuertaventurae), símbolo animal de la isla. Además, por sus paisajes subdesérticos es posible encontrar otras aves esteparias, como el alcaraván (Burhinus oedicnemus), el corredor sahariano (Cursorius cursor bannermani) y la ganga ortega (Pterocles orientalis). Dejando a nuestra derecha el Alto de Agua Oveja, seguiremos avanzando en dirección a las faldas del Lomo Cuchillete, donde el Camino Natural gira hacia el sur. Poco a poco, iremos apreciando una vegetación más abundante y sustituiremos la pista de arena por una de tierra. Descenderemos así en suave pendiente por el cauce del barranco Vachuelo de Cuevas Labradas, bordeando la Atalayeja Grande, por un tramo en el que podremos observar el contraste del sistema dunar y la tierra en las laderas del barranco.

A continuación, llegaremos a las Casas de Pecenescal, donde se hace patente la tradición agrícola y ganadera de la zona. Desde allí, descenderemos por el barranco de Pecenescal, cruzando la carretera por un paso subterráneo, para seguir el camino hacia la costa, hasta alcanzar las Casas del Risco del Paso, en el extremo sur de El Jable de Jandía. En el punto final de esta etapa encontraremos la maravillosa playa de Risco del Paso, integrada por varios kilómetros de hermosa arena dorada, que en algunos puntos llegan a tener hasta más de 60 metros de anchura, y que constituye un verdadero paraíso para los bañistas y amantes de los deportes acuáticos.


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Etapa 8: Casas del Risco del Paso - Morro Jable

 

 



La etapa se inicia en la playa de Risco del Paso, situada entre las playas de Sotavento, y está incluida dentro del Parque Natural de Jandía, por un tramo de arenales que constituyen una de las mejores manifestaciones de hábitat sabulícola (playas y dunas) de toda la isla, atendiendo tanto a su extensión como a su diversidad florística. No obstante, aun tratándose de un espacio natural protegido y al igual que ocurre en el resto del Parque Natural, se observa un elevado tráfico de vehículos todoterreno. La ruta comienza a la altura de los paneles informativos en dirección suroeste, ascendiendo por una pequeña loma desde la cual empezaremos a vislumbrar la belleza de esta zona costera. No en vano, las playas de Sotavento están consideradas como unas de las mejores de Fuerteventura y, por extensión, de toda Canarias, por su inmaculada arena blanca y sus cristalinas aguas azules.

El Camino Natural discurre por un terreno ondulado paralelo a la majestuosa playa. En ocasiones, y atendiendo a la elevada densidad de vehículos motorizados que acceden hasta pie de playa, encontraremos numerosas pistas que cruzan el camino, lo que no debe confundirnos, pues en este primer tramo el sendero se encuentra perfectamente delimitado por piedras. Continuando por el sendero llegaremos a la playa del Mal Nombre y seguiremos por la arena, bordeando el chiringuito, hasta alcanzar una pista de tierra que nos conduce directamente al camino. Una vez atravesado este sendero, el Camino Natural discurre por pistas y bordea algunas urbanizaciones turísticas intercalando tramos por la playa, para llegar el extremo.

Este de la playa del Matorral, donde se encuentra un importante humedal: el Saladar de Jandía. Desde aquí podremos tomar otro sendero que sube al Pico de La Zarza (PR FV 54). Caminando por el paseo marítimo a lo largo de toda la playa del Matorral, en la que destaca el faro de Morro Jable, llegaremos al otro extremo, donde termina la etapa. Esta etapa concluye en uno de los enclaves turísticos más importantes de la isla, Morro Jable, un antiguo pueblo pesquero que si bien sigue manteniendo esta actividad (gracias a la cual podremos degustar un exquisito pescado fresco), actualmente la mayor parte de su población se centra en el sector turístico. Morro Jable cuenta con servicios y locales suficientes para satisfacer todas las alternativas de ocio.


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Etapa 9: Morro Jable - Punta de Jandía

 



Esta etapa comienza en las terrazas de Morro Jable en dirección sur, hasta llegar a unas escaleras que nos conducirán a un mirador, donde podremos disfrutar de una espléndida vista de la playa y el faro de Morro Jable. Subiremos en dirección noroeste, abandonando la zona urbana y pasando por los carteles informativos del Camino Natural, donde tomaremos un sendero que sube por la loma, desde donde podremos apreciar el puerto de Morro Jable. Proseguiremos la ruta hasta que el camino da un giro de 90 grados a la izquierda y cruza la carretera que va a la Punta de Jandía, cerca del punto donde arranca el sendero de pequeño recorrido que va hacia Cofete, el PR FV 55.

Avanzaremos por el camino principal, atravesando las extensas llanuras de los Tableros de Peñas Blancas y Casa de la Señora, y pasando por un área de descanso, hasta llegar a las Casas de Jorós, lugar donde destacan los grandes espacios dedicados a la plantación del tomate, hoy abandonados. Un lugar que no debemos dejar de visitar es el mirador sobre el arco de Cofete, aunque se advierte que la subida es dura y se sitúa a varios kilómetros del Camino Natural. Desde este mirador podremos disfrutar de una excelente vista de la costa de Cofete. Llegaremos allí cogiendo la pista que une Morro Jable con la Punta de Jandía, desviándonos por otra pista que surge a la derecha, pasadas las Casas de Jorós, y que nos llevará hasta el mirador.

Siguiendo con nuestra ruta, bordearemos la Montaña de Jorós y nos iremos acercando a la costa por el valle de los Mosquitos. En estos parajes se encuentran las mejores poblaciones del cardón de Jandía (Euphorbia handiensis), una planta endémica exclusiva del Sur de la isla. A partir de aquí, el camino discurre cerca de 10 kilómetros por una pista paralela a la costa. Pasaremos por pequeños acantilados y las desembocaduras de algunos barrancos, así como diversas playas ideales para refrescarnos, hasta llegar a un tramo compartido con el PR FV 56, poco antes de llegar al caserío de El Puertito.

El sendero de pequeño recorrido termina en este pequeño pueblo, también denominado El Puerto de la Cruz, en el que destaca un único molino de viento. El Puertito es el asentamiento con mayor número de habitantes dentro del Parque Natural de Jandía y sus primeros habitantes fueron Pescadores de El Cotillo o Corralejo que acudían a esta zona en invierno. Desde El Puertito, seguiremos por la ruta principal, caminando cerca de 1 kilómetro por la pista de tierra que va hasta el faro de la Punta de Jandía, donde podremos visitar el Museo del Faro.


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